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Category: Vida Social

Por Juan “Bertin” Negrón Ocasio

“La vida es un recuerdo imprescindible.”

Juegos Infantiles

Hay momentos en que uno se detiene en alguna estación del pasado. Recordando paseamos por lugares que nos gustaría regresar. A veces nos llegan con fotos amarillentas o borrosas de una recopilación de algún baúl, sobre un tablillero, en la pared o en álbum. Cuando llegan visitas a la casa nos da con rebuscar esas gratas memorias.

Qué risa nos da la nostalgia del recuerdo. Se sienten alegrías sublimes que nos causan cuitas. Al final, contentos y satisfechos de vivir hermosos tiempos imborrables. La vida es un recuerdo imprescindible.

Yo hago películas mentales cuando quiero recordar algo que se me olvidó. Le doy riwain a la rueda esa que tenemos en el coco, como la que usaba Luis en el cine de Nando Negrón, y comienzo a disfrutar las travesuras. ¡Qué travesuras! Travesuras que todos llevamos atados al corazón; recuerdos cobijados por el alma de un pueblo irremplazable. Y lo más grande de todo es que cada uno de nosotros podemos pasar la película, y contarla, y darle riwain y entre más se ve más se aprecia. Placentera es la memoria.

Quizá uno de los que nos da ese risueño encuentro familiar, de amigos y amigas, es aquella vida de añoranzas. A veces ni siquiera nos hace falta la presencia física de la persona, nada igual que un cerrar de ojos llegamos a su lado o la traemos al nuestro, para muchos la partida de un ser querido a otros lugares, o el irremediable viaje hacia el infinito. Nadie puede negar que los recuerdos contribuyen volver a vivir. A los pueblos los reviven la memoria. Y quién no quisiera regresar a aquel momento que tanto se anhela, se disfrutó...se vivió en pleno placer.

Son tantas las memorias que llevamos adentro que en ocasiones vivimos en un sueño fabuloso que no quisiéramos despertar. Y qué malo cuando tenemos ese sueñito delicioso y...

Pero lo dijo el gran poeta Pedro Calderón de la Barca hace un montón de años...

“¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.”

Así que, hay que despertar, pero para mí despertar en lo que realmente nos hace vivir. Uno de tantos peculiares eventos de los villalbeños son aquellos juegos infantiles que tantos disfrutamos. Ah, qué dicha nuestra dicha que tuvimos una infancia. ¡Qué dicha fue no tener un televisor, un celular, una computadora, porque hubiera sido fatal hoy no poder recordar aquellos juegos infantiles!

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Un día nadie supo cuando se murió Lola hasta un día que no la vieron brincando cuica. Hubo quien pensó que no aparecía por ninguna parte porque estaba jugando de esconder con sus amigas, pero, de mi parte, en verdad “lo lamento”, porque yo tampoco lo supe hasta que me dijeron. “Se murió Lola.”

– ¿Qué Lola? –Dije con ojos de coquí.
– En realidad lo lamento... –Me dijo

Es que los villalbeños de antes se pasaban jugando la gallinita ciega, y se hacían los que no ven ni oyen y ni qué sucedía en el pueblo. Quizá le tenían miedo a Cachún y se encerraban, o salían corriendo.

Me acuerdo de una noticia que decía, El juez le dijo al cura, qué cura, (nadie sabe), y el cura le dijo al juez, qué juez, (nadie tampoco sabe), pero preguntaron todos, a dónde está ese ritmo, caramba, del merecumbé. ¡Eh! Y se trató de hacer justicia sin que nunca se hiciera... ¡Eh!

Como mis amigos no entendían ¡qué rayos! estaba pasando se fueron a volar chiringas y otros inventaron capuchinos. El viento los elevaba hasta el cielo. Unos tiraban trompos con una cabuya en los patios de la escuela; otros preferían tirar chapitas en un roto en la tierra o lanzarlas con rifles de madera con gomitas que buscaron en la fábrica Andrea en la Luchetti; si no jugaban con chapitas entonces se entretenían con bolita y hoyo. Habían expertos en bolitas de corote, algunos le llamaban canicas. Mis amigos Malavé de la Barriada eran campeones.

“Los nenes con los nenes y las nenas con las nena.”, gritaba Míster Cubí, velando en el patio de la escuela MckJones, quién tocaba a quien. A las muchachas no les importaba nada lo que hacían los varones, así que se iban a brincar cuica. Había bulla entre ellas, porque se enojaban unas con otras por boberías, bochinches de niñas, y hacían garabatos en la tierra; con una vara de bambú dibujaban una tabla grande. Escribían números del uno al diez y saltaban peregrina. Las creciditas dibujaban corazones y escribían unas letras adentro con una flecha de Cupido.

Doña Carmen se pasaba en la ventana mirando quiénes jugaban pelota con chapas frente de la casa. Le chocaban pávidas contra las ventanas. Pero, desde la cocina mientras cocinaba, al oír los cantazos, la hacían brincar pa’ arriba, y gritaba, “¡Veo-Veo!” sin a nadie ver. Qué cómica era doña Carmen. Y en la escuela se veía grupos de estudiantes durante el recreo jugando matarile o la E. Unos manganzones todos sudados haciendo caballos tratando de tumbarse. No muy lejos otros jugando el burrito.

Aquella noche los muchachos del barrio me acuerdo recorrimos todo el pueblo jugando de esconder. Pero tenían que tocarnos la cabeza y decir 1, 2, 3 polilla la E. Las muchachas permanecían con sus muñecas jugando de mamá, otras jugaban Jacks.

Un domingo por la mañana hace muchos años nos tiramos con carritos de ruedas de bolines que inventamos. Subimos hacia la Aceituna hasta frente de la casa de Carmelo Torres y nos tirábamos cuesta abajo hasta la tienda de Esteban Núñez. Sin embargo, se acabó la alegría de nuestros juegos de infancia un día que fuimos creciendo sin darnos cuenta.