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Por: Prof. Carmen J. Fernández Espada

La preocupación por preservar la vida y por mantener una óptima salud cobraron protagonismo y entendimos que sin ellas de nada vale afanarnos por tantas nimiedades de la vida.

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Prof. Carmen J EspadaIndiscutiblemente, el año 2020 será uno inolvidable. Dadas sus peculiaridades, marca un hito inmensurable en la historia de la humanidad. Muchos anhelan que termine ya el año 2020. Otros planifican despedirlo por todo lo alto con la esperanza de que el próximo sea mejor. Sin embargo, hay quienes irreverentemente despiden el 2020 con maldiciones, reclamos y pesares. Yo, en cambio, finalizo el 2020 con reflexión, análisis y agradecimiento por todo lo que este atípico y difícil año me enseñó. Vienen a mi mente las palabras de Henry Brougham, “Busca el conocimiento en las dificultades”. ¿Qué me llevo de este año que está por culminar? En primer lugar, la certeza de que éste ubicó muchas cosas y personas justo en el lugar que debían estar. Nos mostró, en muchos casos, la verdadera cara de la moneda.

Enclaustrados en nuestros hogares, aprendimos a conocernos un poco más. Aprendimos a escuchar el silencio y también a escuchar esa voz íntima que llevó a muchos a reinventarse y a explorar o explotar talentos que incluso, desconocían poseer. En el encierro domiciliario, aprendimos a unirnos más con nuestra familia, a valorar más al amigo y también al ser querido que mientras estuvo cerca, antes de la pandemia, no abrazábamos, ni demostrábamos el cálido afecto que gracias al distanciamiento hemos aprendido a valorar y a añorar.

El año 2020 me enseñó que todo ocurre en el tiempo de Dios y no en el de los seres humanos, poniendo a prueba nuestra paciencia y aprendiendo a cultivar la misma cuando existe una fuerza mayor que te ata y te obliga a moverte, pero no al ritmo acostumbrado, sino al ritmo requerido para hacernos más sigilosos, más observadores, más atentos y sobre todo un poco más sabios. La pandemia nos obligó a quitar el pie del acelerador con el que acostumbrábamos a ir por la vida y fue ahí que recordé el valor de las pequeñas grandes cosas. La preocupación por preservar la vida y por mantener una óptima salud cobraron protagonismo y entendimos que sin ellas de nada vale afanarnos por tantas nimiedades de la vida.

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En las postrimerías del año, compruebo la inmensa capacidad de resiliencia que el ser humano puede llegar a tener si así se lo propone. Año 2020, ¡Qué gran maestro! Me recordaste que la capacidad de aprendizaje del ser humano es ilimitada y que muchas veces necesitamos un jamaqueón contundente que nos mueva a aprender más y nuevas cosas. Recordé, gracias a ti, que la necesidad es la madre de la invención y que ante circunstancias difíciles se crece nuestra creatividad, se fortalece nuestro ímpetu, se moldea nuestro carácter y sobre todo, se robustece nuestra fe.

Gracias 2020 porque me enseñaste que para el que quiere no hay imposibles porque a pesar del distanciamiento físico, no impediste nuestro acercamiento social. Escudriñamos hasta los medios que aún desconocíamos con el anhelo de, aún en la distancia, mantener viva la comunicación y poder así estrechar los lazos con aquellos con quienes siempre deseamos permanecer conectados. Año 2020, no, yo no te quiero olvidar. Quiero recordar perennemente todas tus enseñanzas.

Comencemos el año 2021 con optimismo, con la certeza de que hemos sido transformados por el pasado...

No debemos maldecir al 2020. En su lugar, debemos reflexionar, evaluar todo lo que este año marcó en nuestras vidas y utilizarlo a nuestro favor para luchar cada día por ser mejores seres humanos. Un mejor ser humano que recuerde que dentro de la sociedad, dependemos unos de otros y que luchando con unidad de propósito podemos lograr más. Iniciemos el nuevo año con deseos de poner en práctica todo lo que este año nos enseñó. Veamos al 2020 como ese padre estricto, rígido y severo que procura educar a sus hijos de esa manera, con el propósito de convertirlos en adultos de bien.

El conocido pedagogo, filósofo y psicólogo John Dewey dijo: “La función intelectual de las dificultades es la de conducir a hombres y mujeres a pensar”. Si el año 2020 no nos llevó a pensar, a reflexionar, a aprender y a valorar, pasó por nuestras vidas como si no hubiese pasado y entonces sí que de nada habrá valido el sacrificio de meses tan difíciles y atípicos. Comencemos el año 2021 con optimismo, con la certeza de que hemos sido transformados por el pasado para emprender con mayor sabiduría, fortaleza y gallardía un futuro que nos promete la oportunidad de reivindicarnos. ¡Adiós 2020! Desecho lo negativo que derramaste, pero me llevo conmigo todo lo que me enseñaste.

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La autora es maestra de Español del nivel secundario en la escuela José Felipe Zayas, de Coamo. Posee una maestría en Educación y ha ofrecido cursos en la Universidad Católica de Ponce, la Universidad Interamericana y EDP University de Villalba.