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Huracán María

VILLALBA, Puerto Rico - "Todo está destrozado. Villalba quedó destrozado." Con ese anuncio saludó el alcalde de Villalba a un grupo de residentes en la Calle Marginal de la urbanización Las Alondras en la mañana del jueves 21 de septiembre cuando repasaba los daños sufridos en el pueblo tras el paso del huracán María. El puente de la urbanización La Vega colapsó y el remodelado parque Herminio Cintrón, en la misma urbanización, sufrió daños, dijo el alcalde Luis Javier Hernández Ortiz.

Escuchamos en silencio las noticias, sin extrañarnos, pero sin poder responder nada. Estabamos mudos. Los vecinos habíamos comenzado a limpiar la calle de las ramas de árboles que habían caído durante el paso del fenómeno. La isleta que divide la Calle Marginal de la carretera 514, que conduce al barrio El Semil, dejó de ser una isleta repleta de árboles fondrosos que daba gusto admirar para convertise en una hilera de esqueletos retorcidos y sufridos.

Uno a uno, los vecinos habíamos salido de nuestros "refugios" como hormigas directo a la calle, machete en mano, para limpiar las ramas y troncos caídos. Esta escena se repetía en todas las comunidades del pueblo, sin faltar aquel vecino, inquieto y nervioso, que agarraba un machete y cortaba una rama, soltaba el machete y cogía una pala, para luego quitarle el rastrillo a una señora y continuar sin pausa la limpieza. También estaba el otro, el lindín, que cruzó sus basos sobre el pecho y miraba a sus vecinos que blandían con fuerza aquellas rústicas herramientas.

El primer ejecutivo había llegado en una camión militar de los que recientemente había recibido el municipio, y se dirigía hacia el barrio El Semil para recoger a un operador de maquinaria para comenzar la limpieza de las carreteras del pueblo. Un muchacho en "four-track" se ofreció a buscar el operador en su vehículo, y partió hacia El Semil. Minutos más tarde regresó para avisar que no había manera, ni siquiera a pie, de llegar al barrio El Semil.

CervoniGif

A la vista, desde nuestra calle, se podían ver lugares que nunca antes se podían ver. El lago Guayabal, la Escuela Superior Vocacional, la escuela Daniel Serrano del barrio Jagueyes, y casas en prácticamente todos los sectores de Villalba. Incluso la institución para jóvenes que siempre se me había antojado enigmática y oscura, ahora se podía mirar en toda su magnitud. (Por cierto, era el único lugar en Villalba en donde había luz eléctrica.) La naturaleza había desnudado al pueblo en el año de su centenario.

El puente de la urbanización La Vega fue golpeado por las fuertes y turbulentas aguas del Río Jacaguas hasta que cedió de un lado, cayendo al fondo. Al parecer, el agua castigó la base del puente donde éste comienza cerca del Colegio Católico Nuestra Señora del Carmen hasta hacerla ceder. Quedó intransitable. Los curiosos, de uno y otro lado del puente, comentaban y sacaban fotos, mientras los más temerarios nos tiramos al puente para obtener mejores imágenes.

La estación de gasolina Total de Lial Guzmán, frente a los residenciales Enudio Negrón y Maximino Miranda en el sector Tierra Santa, perdió su estructura y el edificio de mini-market quedó inundado de agua.

Farmacia San Antonio

Viernes en la mañana visitamos la comunidad de las Parcelas de Hatillo. Encontramos devastación en la parte que observamos. Casas completamente caídas, árboles y postes del tendido eléctrico en el piso. Pero también observamos a gente de la comunidad en labores de limpieza. Y la típica escena de las laboriosas hormigas que despejaban todo. El propósito parecía ser devolver todo a su estado original lo más pronto posible para, de alguna manera, olvidar lo ocurrido y regresar a la normalidad.

Luego fuimos hasta la represa del Lago Toa Vaca. Allí, el alcalde nos informó que los empleados de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados estaban incomunicados con su agencia y con el gobierno estatal. La situación era alarmante pues el nivel de agua había subido y estaba a punto de llegar al límite en el que las compuertas abren automáticamente para liberar el líquido. Pero la máquina que abre las compuertas no tenía combustible diesel, y se temía que ocurriera un "overflow" sin control, con terribles consecuencias para comunidades de Villalba, Juana Díaz y hasta de Ponce. Días más tarde, la situación se normalizó.

Estábamos incomunicados. El alcalde aclaró que, ante tales circunstancias, consideraría acaparar todo el combustible disponible en el pueblo para las emergencias que pudieran surgir. Mencionó casos de pacientes de diálisis que estaban en crisis al no poder recibir el tratamiento. También acudió a las farmacias de Villalba para conseguir tanques de oxígeno para pacientes necesitados.

Informó además que la carretera 151, que ya estaba en pésimas condiciones antes del huracán, quedó intransitable. Cuando bajamos hasta la carretera 149, en el sector Tierra Santa, encontramos a Pepa que vendía los pocos ñames de la finca en el barrio Mogote que pudo sacar. Nos dijo que en su barrio, la devastación fue de iguales proporciones que el resto del pueblo.

En la mañana del martes 26 de septiembre, fui a comprar desayuno al Subway, ubicado en el sector Tierra Santa. Había una fila de personas ordenando su primera comida del día para llevar. La propietaria, la licenciada Tensi Cintrón, me explicó que se estaban quedando sin los ingredientes para continuar sirviendo, aunque era uno de dos Subways que estaba en funciones en el sur de la abatida Isla. Dijo además que el laboratorio clínico Sagrada Familia, también en el sector Tierra Santa, se había inundado de agua. Entablé conversación con un amigo mientras hacíamos fila y me señaló su preocupación por el recogido de basura, por lo que tomó la iniciativa y recogió la de sus vecinos, la montó en su vehículo y la depositó en unos contenedores en el Centro de Usos Múltiples, que se habían colocado para ese propósito. De hecho, el municipio estaba dando el servicio de recogido de basura, aunque algunas áreas estaban innaccesibles.

Mi amigo me contó algo que verdaderamente molesta. En la mañana de ese día, camino a su casa, había visto a un individuo cuando tiraba bolsas plásticas con carne cruda en un pequeño riachuelo que pasaba cerca de su comunidad. Le dio tanta rabia el ver personas tan irresponsables que solo piensan en sí mismos, y no les preocupa el bienestar de los demás. Cuando alguien hace algo así, es porque sabe el peligro para la salud que representa. Son insensibles y faltos de empatía; pero tenemos que aprender a vivir con ellos.

Mientras tanto, las filas de autos y personas con contenedores para comprar gasolina eran kilométricas. En la estación Total, en Tierra Santa, (que estaba dando servicio a pesar de los daños), la fila de autos llegaba hasta la panadería frente a la urbanización Las Alondras, y en ocasiones, más allá. En la urbanización La Vega, la situación era igual en las dos estaciones que hay allí. Esta escena se repitió por varios días en toda la Isla.

Mientras estuve conversando con mi amigo en Subway, éste me preguntó si había pasado por el barrio El Semil. Le contesté que no. Rápido me dijo: "Tienes que pasar por allí. Es como si estuvieras pasando por un bosque de Halloween." Y efectivamente. Luego de desayunar subí por la carretera 514 y mi amigo no se equivocó. Por todos lados, árboles desnudos alargaban sus ramas como esqueletos y fantasmas queriendo darte el abrazo de la muerte. Todo alrededor te impulsaba a agacharte, y a mirar con temor de que algún tronco o monte se derrumbara sobre ti. Me detuve a retratar. Conversé con una vecina que limpiaba los alrededores, y ella me describió el panorama como de la serie "Walking Dead".

En el camino, me encontré con un empleado municipal. Me dijo que llevaba "diesel" para las máquinas que estaban trabajando en el sector Divisoria. Supe por él que las brigadas del municipio llevaban varios días limpiando la carretera del barrio Apeaderos, y aún no habían llegado al final.

Una de las situaciones difíciles que trajo consigo el huracán fue la falta de comunicación. Las compañías de telecomunicaciones, celulares, televisión y hasta radio estaban en el piso, con la excepción de WAPA Radio. Nadie sabía nada de sus familiares. Tal vez por esa razón se veían tantos autos en las carreteras, las personas dirigiéndose a visitar a sus seres queridos para conocer de su situación. De otra parte, desde los estados las personas llamaban a la emisora de radio para saber de tal o cual pueblo y de sus familiares, algo imposible de contestar, nuevamente, por la falta de comunicación.

Durante varios días, Villalba se detuvo. Las filas de autos en busca de gasolina y las filas de personas con candungos buscando agua en los oasis parecían las mismas cada día, cada tarde. Los negocios cerrados, los mismos empleados en las mismas faenas se repetían a diario. Las mismas sobrecogedoras escenas de árboles desnudos, de casas en las montañas, del lago con fango, del puente caído. Sólo la bandera de Puerto Rico sobre la casa con toldo azul se movía.

Nota: Gracias a Divad SPA, en Juana Díaz Mall, logramos acceso al Internet y comenzar a publicar nuevamente. Esperamos poder continuar sirviendo a nuestros lectores y mateniéndolos al tanto de lo que sucede. Gracias por su apoyo.

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